lunes, 31 de marzo de 2014

Llego la hora

3 de abril. 8 de la mañana.
Para muchos es otro día más. Para mí, será algo que no olvidaré jamás. Vine a Madrid el martes 1, y desde entonces, llevo rezando por poder verla (aun siendo ateo) Mis compañeros se preocupan de que esté enfermo, mientras yo no dejo de pensar en qué pasará esta tarde. Prometí que no me iría de aquí sin verla, pero las palabras se las lleva el viento... Ya le fallé una vez y después de más de tres meses, sigo sin perdonarme (aunque ella ya lo hizo) Os preguntareis: "Y ese miedo, ¿a qué se debe?" Esto ya no es un miedo... Es una tortura mental. El saber que nada es para siempre. El creer, que tarde o temprano, todo esto, puede acabar. El conocerme lo suficiente a mi mismo, como para saber que tarde o temprano, la perderé.... Puede que sea hoy, o puede que sea dentro de 20 años. Pero hasta entonces, disfrutaré y seré feliz, junto a esta personita que me ha hecho llegar hasta aquí.

"Noe, pase lo que pase hoy, prometo que no dejaré de quererte"